lunes, 6 de mayo de 2013

FIN


¿Dónde está realmente el fin?



Perplejo deja este cortometraje al espectador en el mismo momento en que comienza, y aun cuando finaliza no hay palabras.

Vemos el rostro de una anciana en primer plano, una anciana cuya cara sobrecoge expresando un sinfín de emociones. Empezamos a ver el cortometraje como si rebobinásemos hacia atrás una película, buscando explicaciones a esas emociones, a esa situación en la que se encuentra la protagonista. Con esta forma tan original de narrar la historia a través de las imágenes, la directora nos guía por esta búsqueda.

El cortometraje sobrecoge más que por la historia en sí, por la manera en la que está contada en términos audiovisuales. Es una historia en la que entran en juego conceptos como la moral, la libertad, el derecho a la vida, las decisiones difíciles. Al finalizar el cortometraje se vienen a la cabeza multitud de preguntas cuyas respuestas crean debate. ¿Qué consecuencias morales y emocionales tiene un acto como quitarle la vida a una persona con el fin de ahorrarle sufrimiento? ¿Qué es realmente el derecho a la vida?

Pero sobre todo, ¿dónde está realmente el fin de la vida? Quizás el fin de la vida no siempre es el momento de la muerte, la muerte como el punto en que dejan de funcionar nuestros órganos y nuestro cuerpo se convierte en nada. Quizás hay vidas que llegan a su fin antes de morir sin que lleguemos a aceptarlo.

Desde luego es una historia estremecedora. Pero no es la historia la que nos enamora o nos conmueve, sino las imágenes que narran esa historia. Los planos de los personajes, esa forma de contar la historia volviendo sobre los pasos de las protagonistas y la banda sonora. Es muy complicado narrar y emocionar prescindiendo de los diálogos de los personajes, y la directora consigue contar solo a través de imágenes y música. Probablemente este hecho no sea sino un símil con la propia historia, porque ante determinadas situaciones o emociones, sobran las palabras.

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