El reflejo de la Francia actual
Ficha técnica
Título: La clase (Entre les murs).
Director: Laurent Cantet.
Año: 2008.
País: Francia
Reparto: François Bégaudeau, Nassim Amrabt, Laura Baquela, Cherif Bounaïdja Rachedi, Juliette Demaille.
Productora: Haut et court.
El espejo de la sociedad Gala
Laurent Cantet es un director, guionista y director de fotografía francés. Se formó en el Instituto de altos estudios de cinematografía en París tras obtener un máster en estudios audiovisuales. Entre sus trabajos como director y guionista se encuentran dos cortometrajes (en la década de los noventa) y siete largometrajes. Su recorrido como director y guionista lo sitúan en la esfera del cine de crítica y temática social, dónde nos encontramos con su quinta película, La clase. En este filme Cantet es el responsable de la dirección y el guión, este último junto a Robin Campillo y François Bégaudeau, autor de la novela en la que se basa la película. Entre les murs es la tercera novela de Bégaudeau, que aunque se dedica principalmente a la enseñanza y a la escritura literaria también tiene experiencia profesional como crítico de cine. Esta adaptación literaria de Laurent Cantet tiene como protagonistas al propio François Bégaudeau interpretando el papel del profesor François, Nassim Amrabt, Laura Baquela, Cherif Bounaïdja Rachedi y Juliette Demaille. Todos ellos actores amateurs, lo que contribuye junto con la realización del filme al resultado de una estética de falso documental.
Hablamos de una película de temática social, de nacionalidad francesa producida en el año 2007 y estrenada en Francia en el 2008. Teniendo en cuenta la crítica que hace la película a determinados aspectos de la sociedad (en lo que profundizaré en el desarrollo del argumento) es necesario comprender la situación de la sociedad francesa en estos años para poder disfrutar y entender en totalidad la obra. En la sociedad francesa existen enormes diferencias raciales y de clases. Muchas áreas de alrededor de las grandes ciudades francesas están habitadas por inmigrantes con pocos recursos que viven en suburbios. La multiculturalidad del país y las crecientes desigualdades económicas llevan a la esa situación social. En este contexto se sitúa la película de Laurent Cantet, que habiendo sido producida en 2007 tenía presente los disturbios ocurridos en el año 2005, hecho que puede influir en la temática del filme. Estos disturbios fueron causados precisamente por esa desigualdad étnica. Ocurrieron como protesta de las minorías étnicas que habitan en Francia por la muerte de dos adolescentes musulmanes. La población inmigrante que habitaba en los suburbios reclamaba las nefastas condiciones en las que viven estas minorías y el lamentable comportamiento de la policía con estos grupos, ya que los adolescentes murieron en una persecución policial. El conflicto se extendió rápidamente a diversas ciudades de Francia y a otros países europeos con una situación social similar.
Pues bien, en este contexto se inserta la película La clase y esta es la sociedad representada tanto en la novela homónima de François Bégaudeau como en el filme.
Una historia de lucha de clases
Al igual que la novela de François Bégaudeau, este filme cuenta la historia de un joven profesor lleno de valores y de ilusión por conducir a sus alumnos en la sociedad no tanto enseñando contenidos teóricos y conocimientos, sino la ética y la moral que él cree necesarias para que sus pupilos puedan hacer frente a la vida. François comienza a dar clases de francés en un instituto en el que la mayoría de alumnos son inmigrantes de escasos recursos, con lo que el profesor se encuentra ante una representación entre cuatro paredes de la sociedad de su país. Alumnos de diferentes etnias y religiones con continuas discrepancias y luchas entre ellos, el profesor tiene que hacer frente al grupo de adolescentes intentando imponer su autoridad ante la jerarquía que ellos mismos han creado en el aula. Tras largas horas de clase intentando enseñar a sus alumnos a razonar y a creer en ellos mismos François empieza a abandonar su ilusión cuando ve que sus alumnos solo lo ven como un enemigo.
Esta película se incluye dentro de una filmografía destacada por el análisis y crítica de la sociedad y por una profunda reflexión sobre el ser humano tomado como sujeto social.
En la película podemos ver una serie de elementos muy trabajados que contribuyen a crear esa estética de falso documental que compone la obra. Uno de los elementos más relevantes son los actores. Al tratarse de actores no profesionales estos dotan a los personajes y al conjunto de la obra de naturalidad y credibilidad. Esto hace que el espectador en todo momento tenga la sensación de estar mirando por una ventana de ese aula el comportamiento de cada uno de estos personajes, y que ellos en todo momento cuentan y hacen lo que verdaderamente piensan o sienten sin atender a las exigencias de un guión preelaborado. Junto con esto la realización, sencilla pero a la vez llena de significados. Sobre todo el uso de los planos-contraplanos que contribuyen a la representación de esa guerra dialéctica que se da durante toda la película entre alumnos y profesor, y entre los propios alumnos entre sí. Planos con leves movimientos de cámara que dotan de veracidad al discurso y que son uno de los elementos que enmarcan esta película en la técnica de falso documental. Casi toda la película estamos en espacios cerrados (excepto en breves escenas en el patio del instituto), se desarrolla la mayor parte en el aula y algunas escenas minoritarias en la sala de profesores. Esto hace que en algún momento de la película exista cierta sensación de claustrofobia, aunque la variedad de planos utilizados a pesar de encontrarnos entre las mismas cuatro paredes la mayor parte de la película, contribuyen a dotar de dinamismo el filme. En esta realización el fuera de campo cobra importancia a través de las confesiones de los alumnos en el aula, que nos hacen intuir sin ver el entorno exterior que ha contribuido a la actitud y a las inquietudes o falta de las mismas de estos jóvenes. Realmente el punto fuerte son los diálogos de los personajes, estos son los que nos conducen hacia el interior de ese aula comprendiendo y creando cierta relación de identificación o de la falta de esta con cada uno de los alumnos, y con la disyuntiva en la que se encuentra inmerso el profesor Bégaudeau . Dejando el espacio más importante a los diálogos, la música se queda en plano de fondo simplemente ambientando pero nunca poniéndose en un estrato superior al de la voz de los personajes, para de esta forma no distraer al espectador de la palabra y otorgándole a esta la mayor objetividad posible como si de un documental se tratase. Solo la imagen contribuye a exaltar a la palabra, convirtiéndose en todo momento la una en elemento indispensable de la otra.
La clase en términos visuales
Hay que resaltar que en esta película no encontramos decorados sino escenarios, y escenarios reales tanto por la veracidad que aportan a la historia como por el hecho de que la película está rodada en un instituto real que funciona como centro de enseñanzas y en el que pocos elementos se han cambiado o modificado para la grabación. Un escenario con gran naturalidad en el que tanto el “atrezzo” como la iluminación contribuyen a darle realismo y autenticidad a lo que en él se narra. Una iluminación trabajada a través de las ventanas del propio aula, una luz natural (real o simulada), que cuenta el espacio y el momento en el que nos encontramos en cada escena.
Aunque el espacio con mayor relevancia en el filme es el aula por todo lo que representa, el patio no carece de esta relevancia a pesar de ser su aparición mucho más breve. Pero la importancia de este segundo escenario cobra fuerza por la antítesis que representa respecto del aula. En el aula los alumnos se ven sometidos a las normas que les impone alguien que, aunque hace lo posible por establecer con ellos una relación de igual a igual, está por encima de ellos. En el aula los alumnos se encuentran prisioneros, vigilados y objeto de cuestionamiento continuo. En el patio son libres. Ellos imponen sus propias reglas y se organizan de acuerdo a sus propios intereses, sin que una persona que se encuentra fuera de su “microsociedad” los evalúe.
En ningún momento del filme se nos muestra de dónde viene cada alumno o cómo es su familia o el ambiente en que ha crecido, salvo en las breves escenas en las que aparecen los padres de los alumnos o los diarios que el propio Bégaudeau les invita a redactar y leer en clase. Pero nunca se nos especifica o se nos muestra visualmente. Aun así el origen de cada uno de ellos está presente durante toda la película.
En cuanto al vestuario, maquillaje y caracterización de los personajes poco hay que decir, aunque lo poco que hay está trabajado de tal manera que con poco se cuenta mucho. Un vestuario sencillo (probablemente sea la propia indumentaria de los actores) y un ejercicio muy sutil de maquillaje que no son más que elementos significativos de la naturalidad presente en el filme. Tratándose de actores no profesionales que interpretan el mismo rol que desempeñan en la vida real dentro de la sociedad, la caracterización ya estaba hecha.
En cuanto a los actores podemos diferenciar a los personajes a los que interpretan en dos bloques. Por un lado los alumnos. En ellos vemos claramente representada la multiculturalidad presente en la sociedad francesa, así como los conflictos a los que esta da lugar. Vemos alumnos de diferentes etnias, estilos, con diferentes gustos e intereses. Estos luchan constantemente por superponer sus intereses a los demás, por un lado quizás por la propia dinámica a la que lleva la adolescencia y por otro lado como reflejo de las dificultades y retos que los alumnos encuentran día a día fuera del aula, cuando están inmersos en la realidad que los rodea. Por otro lado los profesores. Encontramos dos clases de profesores, los que anteponen los intereses de sus alumnos a las normas y los que intentan defender sus intereses y eludir de forma fácil los problemas ante los que se encuentran cuando tienen que hacer frente a unos alumnos que no traen aprendidas las normas de casa. El primer tipo está claramente representado por el profesor Bégaudeau, quien intenta establecer una relación de igual a igual con sus alumnos mostrándoles que ninguno está por encima de los otros y que el único camino para alcanzar el éxito es el camino de la razón y las convicciones morales y éticas. Bégaudeau no duda en mantener disputas con sus compañeros en algunas ocasiones si se trata de salvaguardar los intereses de sus alumnos. Por otra parte, el resto de profesores ven a esos alumnos como sujetos separados de la sociedad a los que ya ningún tipo de educación los va a reconducir hacia ella y, por tanto, su única función en el instituto es la de evitar conflictos entre ellos, pero sobre todo evitar que los propios profesores se vean envueltos en enfrentamientos por una “causa perdida”. Este posicionamiento también está presente en el discurso que dan algunos de los padres de los propios alumnos en las reuniones con el profesor.
El espectador se encuentra en todo momento como un voyeur, la historia se cuenta con una focalización externa. El espectador tiene la función de ver y sacar sus propias conclusiones sin que la visión específica de ninguno de los personajes lo manipule.
La historia se desarrolla de forma lineal, con pequeñas elipsis que contraen el tiempo real de la historia. En el discurso vemos un claro elemento temporal de repetición en el sentido en que se repite una y otra vez la llegada y salida de los alumnos en la clase y el transcurso de la misma. Se nos cuenta la historia repitiendo la misma acción día tras día.
Una mirada desde fuera del aula
Queda dicho que el atractivo de la película es la relación entre el argumento y los elementos técnicos, que complementándose nos dan como conjunto un discurso verdadero, real. Como si de un documental se tratase nos muestra una serie de sujetos que se desenvuelven en su entorno de forma natural, como si no se tratase de una película y el espectador fuera una especie de espía que mira tras la puerta sin intervenir. Se nos muestran los discursos de los personajes como si de una entrevista se tratara. Los personajes se desnudan poco a poco ante nosotros pero eliminando esa confrontación entre personaje y cámara tan típica de las entrevistas. Aquí no hay un cuerpo a cuerpo, parece que no están siendo vigilados, y ahí vemos el auténtico atractivo de la película. En esta película es como si no hablásemos de personajes, sino simplemente de personas.
Podemos comprobar que para contar una buena historia y conseguir esa identificación con el espectador no son necesarios demasiados accesorios, demasiados elementos ni un gran presupuesto. Basta con tener algo interesante que contar, saber mirar a nuestro alrededor, y saber qué elementos incluir y cuáles desechar (en ocasiones es más importante saber qué no debemos incluir que lo que sí tiene que aparecer). Bégaudeau nos muestra que no es necesario recurrir a la imaginación, mirando a nuestro alrededor hay miles de historias que a lo mejor nadie ha decidido contar pero que tienen el suficiente interés como para llevarlas a la pantalla, o en otros casos a las páginas de un libro como en el caso de la novela de Bégaudeau. O simplemente a nuestra propia reflexión.
Sin ningún adorno, sin grandes actores, sin alteración en los tiempos de la historia, sin efectos ni ornamentos, se nos cuenta una gran historia que deja a unos personajes desnudos ante nosotros, dándonos la libertad de conocerlos, de apreciarlos o de odiarlos, y llenándonos la cabeza de reflexiones e ideas tras el visionado.
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